cambiar la historia, transformar el mundo

Cartel Coloquio Hobsbawm

Cambiar la manera en que concebimos, entendemos, construimos la historia –la comprensión del desarrollo de las sociedades en movimiento, nunca inamovibles, nunca estáticas- es una NECESIDAD para definir y enriquecer las claves que nos permitan pensar y promover cambios profundos en la realidad que nos rodea… o algo así me pasó por la cabeza cuando me llegó al correo la convocatoria al primer coloquio que se realizó en homenaje a la vida y la obra de Eric Hobsbawm después de su muerte en octubre del año pasado. Si desde el título se anunciaban propósitos tan a tono con las necesidades, ansiedades e inquietudes que me visitan con mucha frecuencia, no tenía otro remedio que asomarme a aquello, atisbar con los dos ojos abiertos.

Hubiera querido que estuvieran allí conmigo algunos de mis amigos periodistas. Sentí su ausencia porque estoy segura que ellos tendrían la sensibilidad necesaria –y el estilo narrativo- para captar el “espíritu” subversivo, auténtico, revolucionario de los aires que se respiraron esos dos días. También extrañé a los dos o tres amigos historiadores con quienes he compartido preocupaciones, intereses e ignorancias sobre la Historia, la comprensión de la realidad, la preocupación por los hombres y las mujeres que habitamos este mundo.

Confieso que me sentí como Ulises en algunas de las exposiciones, por aquello de pensarme un poquito impotente a merced de  unos dioses que nunca dan la cara y te mandan de un lado a otro a su voluntad. Existe todo un mundo de lecturas sobre la historia y el marxismo, perdón, los marxismos, las teorías sociales y la acción de los hombres, que yo lamentablemente no poseo y hubo momentos en que me perdí, no entendí, y también -debo decirlo con un poco de vergüenza-, me aburrí. Por eso solo me atrevo a esbozar algunas ideas que logré atrapar, con la certeza de que  quedaron flotando por ahí algunas de las más importantes:

– primero: no hay ningún pueblo sin historia, o que se pueda comprender al margen de ella.

– segundo: tenemos que pensar con cabeza propia, pero para hacerlo se necesitan instrumentos teóricos que nos permitan desarrollar ese pensamiento.

-tercero: en la búsqueda de estos instrumentos se puede y se debe ser electivos; contrastar, tomar, aunar y enriquecer lo que cada corriente de pensamiento puede aportar a nuestra comprensión del mundo.

-cuarto: para poder hacer esto, es imprescindible comprenderlas y estudiarlas en su relación con el contexto histórico en que surgieron, ponerlas a dialogar con las otras corrientes, las condiciones en que surgen, las vidas de los sujetos que las produjeron.

-quinto: todas las sociedades modernas funcionan garantizando las condiciones de reproducción de la dominación.

– sexto: no existe un marxismo, sino marxismos, y estos deben ser debatidores, abiertos –en tanto sistemas de pensamiento-, polémicos, siempre polémicos, sin miedo a la confrontación de las ideas.

– séptimo: la historia debe construirse desde una visión de totalidad en la que cualquier acontecimiento, grupo social, individuo, corriente de pensamiento, etc., se estudie en relación con los otros acontecimientos, grupos sociales, individuos, corrientes de pensamiento, condiciones, contextos políticos, culturales, geográficos…

– octavo: estamos en presencia de un pueblo en revolución cuando la gente corriente se convierte en un factor constante en la toma de decisiones.

-noveno: en Cuba, contamos con una acumulación política, cultural, de pensamiento en el ámbito de la producción histórica, aportada por la lucidez de Fernando Ortiz, Juan Pérez de la Riva, Emilio Roig de Leuschsering –y otros cuyos nombres se me escurrieron-, que evitó en alguna medida que luego de los setenta se entronizaran las prácticas dogmáticas y esquemáticas en el ejercicio del historiador. Pero eso no fue suficiente para que estas visiones insuficientes, recortadas, incoherentes de nuestra historia se mantengan como ideas preponderantes en muchas de  las instituciones encargadas de definir, guiar, promover la investigación y la promoción de ese conocimiento a tod@s en el país.

-décimo: para cambiar todo lo que debe ser cambiado, es necesario primero saber qué es aquello que debemos cambiar, conocerlo a profundidad, con sus causas reales, su naturaleza muchas veces invisible, sus nexos y relaciones.

– undécimo: la sociedad en la que queremos vivir ha de ser planeada, pensada. No podemos dejarnos ganar por un pragmatismo desafortunado que no ve más allá del día de mañana, y que no busca más solución que la del corto plazo.

– duodécimo: la Historia, como más útil nos puede ser, es la Historia como arma, como fuerza de confrontación y debate frente a la nueva colonización mental que vivimos.

– decimotercero: el conocimiento debe ser accesible a tod@s, y tiene que ser una preocupación que le quite el sueño a todos los estudiosos, investigadores, académicos. De nada vale que un grupo de renombrados, valorados y titulados estudiosos se reúnan a compartirse sus elevados conocimientos adquiridos, sus publicaciones en revistas de impacto científico, si estos no trascienden el elitista marco académico y se convierten en cotidianidad de los sujetos para servirles en su interacción con el mundo.

-decimocuarto: El historiador no puede ser un científico encerrado en su campana de logros y reconocimientos académicos. Debe ser un sujeto político cuya actividad contribuya al proyecto irrealizado –que no irrealizable- de la emancipación humana.

– por último: si hay dos grandes males que combatir en la Cuba de hoy esos son la inercia y el burocratismo. Del burocratismo uno puede y tiene que decirlo todo –parafraseando a Martí-; pero la inercia es más huidiza, la inercia no hace nada, no se mueve, no te enfrenta, no te da la posibilidad de movilizarte contra ella, de cambiar, de repensar la acción, por eso es mucho más peligrosa.

Del resto solo queda la deuda que he contraído para estudiar más la obra Eric Hobsbawm, y junto a él la de la mayor cantidad posible de pensadores que, contra todas las banderas, insistieron en ser mucho más que científicos encapsulados en su éxito profesional.

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