que me anoten en la lista

mujer-maltratada

 

Por Disamis Arcia Muñoz

Voy a serles sincera: nunca me han gustado las listas, ni siquiera la de espera. Esa idea de ser clasificada, catalogada, encasillada en determinada definición, me exaspera.

Pero en los últimos días surgió una en la que quisiera ser anotada: la de l@s que defienden «el derecho de las mujeres violentadas a defenderse de su agresor y a denunciar la agresión, aunque se trate de un genio artístico o científico, un general victorioso, un deportista de élite o un obrero de vanguardia», y me refiero al caso específico de «los actos de suprema violencia de género realizados por el escritor Ángel Santiesteban», como explica la Declaración del 8 de marzo leída en la sede de la UNEAC y apoyada en sus inicios por 8 mujeres cubanas.

Confieso que me es difícil exponer con claridad el mar de sentimientos que me provoca la reacción de algunos “intelectuales” -¿escritores?- cubanos ante el proceso judicial seguido contra Santiesteban, así como las declaraciones de otros –o la ausencia de respuesta- en relación a la iniciativa de estas mujeres que piden, con justeza, que las causas por las que se le instruyeron de cargos sean analizadas como lo que son: un acto criminal que no puede ser tomado a la ligera, y mucho menos con la superficialidad y la sinuosidad con la que algunos intentan disfrazar su machismo y su oportunismo político.

Incredulidad, ira, indignación, rabia, son algunos de los sustantivos que cuadran muy bien al conjunto de emociones que surgieron cuando choqué con los primeros comentarios que intentaban, presentar la condena a cinco años de privación de libertad por el delito de violación de domicilio, agresión y lesiones graves provocadas por Ángel Santiesteban a su ex mujer, como un pretexto montado por la Seguridad cubana para «sacárselo» del medio; para castigar la disidencia del ciudadano –y noten que no digo escritor, porque aunque ostente un premio Casa, y algunos conocidos literatos del medio lo reconozcan como tal, para mí, llamarlo así sería ofender al gremio.

Fíjense, si encuentran algunos de esos comentarios –como la carta que Yoss le envía a la granja donde cumple su sanción, o la declaración de Rafael Alcides- que casi ninguno, o muy pocos, se atreven a negar que Santiesteban haya maltratado o violentado a su ex mujer.

Por algún retorcido mecanismo mental que no logro todavía explicarme –y espero no poder hacerlo nunca-, o bien minimizan el alcance de la vejación sufrida: «En tu caso ha sido por una simple riña con tu ex mujer y madre de tu hijo. O sea, nada nuevo en el mundo. Una de tantas disputas entre parejas que dejaron de serlo, magnificadas por las mismas pasiones que a ellos los dejaran al garete (…) saldrás bajo un régimen de prisión domiciliaria a purgar esa riña familiar, con una pena acorde a lo que dentro de unos años, después de todo, será folklore en el barrio, chiste incluso de tu ex esposa: “El susto que le hice pasar”»;[1] o -tan malo como lo primero-, defienden, justifican y disuelven la culpabilidad del susodicho bajo la consigna patriotera y oportunista de su «militancia disidente» y se duelen por Santiesteban por «haber servido en bandeja el pretexto»[2] que buscaba la Seguridad cubana para, finalmente, anular el impacto de sus «reflexiones críticas» sobre la realidad política del país.

¿Qué le sucede a esta gente?, ¿son acaso seres humanos?, ¿es la ignorancia, la arrogancia o el sociolismo simplón lo que les impide detenerse por un momento a pensar que no hay justificación posible para el tipo de crimen que se cometió?

Lamentablemente, una parte significativa de las respuestas a estas preguntas tienen su origen en nuestra responsabilidad colectiva como sociedad: en la tolerancia y el guiño cómplice que muchas veces hacemos a actitudes, valoraciones, chistes y acciones machistas que solo se nos hacen repulsivos cuando toman extremos tan peligrosos como este.

He estado indagando con amigos y conocidos y en general las respuestas a mis inquietudes han sido insatisfactorias. Muchos, como yo, ni siquiera habían oído hablar del proceso judicial que se ha estado llevando a cabo durante los últimos tres años. Otros, un poco más informados, comentan que es una historia complicada; que presenta irregularidades; que existen versiones contradictorias; que hubo errores cometidos, en principio, por nuestra propia ignorancia en relación a nuestros derechos jurídicos –definidos legalmente- y el temor a nuestras responsabilidades para con el resto de las mujeres que pueden estar atravesando una experiencia similar; por la inexistencia en el país de un sistema lo suficientemente efectivo y eficiente de atención especializada al tipo de delitos sexuales –y no sexuales- provocados por esposos maltratadores. Me explican incluso que lo que ocurrió en realidad fue una violación que no pudo ser incluida en la causa por no haberse seguido los requerimientos legales para aportar las pruebas necesarias de que, efectivamente, la mujer fue violada en su propia casa, y que por eso la denuncia solo pudo remitirse a «lesiones graves y violación de domicilio» -disculpen que repita tanto la palabra, pero es la única que se me ajusta a tanta ignominia.

Entre estas circunstancias se mantiene intacto un hecho que no ha podido ser cuestionado: Santiesteban entró en la casa de su ex mujer en contra de la voluntad de la misma y ejerció una violencia física contra ella.

¿Cómo es posible que a alguien se le ocurra minimizar este hecho bajo el manto de una riña familiar o disfrazarlo de martirologio disidente?

¿Cómo es posible que alguien pueda justificar esta acción basándose en los méritos literarios o la relevancia cultural de este personaje?

Nada justifica la humillación, el golpe, el abuso. En todo caso, ser reconocido o destacado de entre tus iguales como alguien con algo que brindar a la sociedad, te obliga a ser mejor persona, a medir tus actos y sus consecuencias; no te otorga en ninguna forma posible un súper escudo protector que te sitúe por encima de los demás y te dé esa sensación de impunidad con la que pretende cubrirse –al parecer- Ángel Santiesteban, contando con unos cuestionables méritos literarios que, en mi opinión, se anulan completamente.

Por eso, aunque no me gustan las listas, por favor, anoten mi nombre en esta.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s