amo las sonoridades difíciles y la sinceridad, aunque pueda parecer brutal…

14297615-ilustracion-de-la-libelula-a-contraluz-con-un-fantasmal-sensacion-de-halloween

Les confieso que hubo un tiempo en que no simpatizaba mucho con las introducciones, prólogos, presentaciones y ensayos literarios, aunque tampoco es que ahora sea un amor incondicional. Soberbia y tonta, pensaba que leerlos antes de “entrar en materia”, hacía que comenzara la experiencia de la lectura con una idea preconcebida, con una visión construida, explicada, traducida por alguien que casi siempre era un total desconocido para mí. Un buen día decidí invertir la fórmula: cuando terminaba de leerme “el pollo”, fijaba mi atención en el preámbulo… y muchas veces me vi entonces como la tonta de la colina: luego de terminar, tenía que regresar más de una vez a esta o aquella página, a aquel capítulo para fijarme en eso que me apuntaban, o para ver si con el contexto que presentaban cambiaba o mantenía la idea que ya me había hecho… ¡pufff! era por momentos una labor de nunca terminar.

De la manera más trabajosa comprendí que las buenas introducciones, los ensayos enjundiosos y los prólogos “serios”, lejos de predisponerte y encajonarte en marcos estrechos, te amplían los marcos de comprensión hasta horizontes a veces insospechados…

Y les digo todo esto para fundamentar mi afición por esos textos, y en particular por esta explicación inicial que Martí se cree obligado a incluir en la publicación de sus Versos Libres –“Como si Martí necesitara explicarse en algo”, pensarán ustedes… pero les juro que luego de leer esta, que más bien constituye una declaración de principios, un acto de defensa de sus criaturas, los poemas toman otra connotación.

Se los digo por experiencia: había leído algunos poemas sueltos que aparecían en otras selecciones bibliográficas. En los Cuadernos Martianos, por ejemplo, aparecían junto a algunos de sus versos sencillos, dos de estos Versos Libres: Homagno y A mis compañeros caídos el 27 de Noviembre. Leerlos me había conmovido, en el caso del primero incluso estuve horas dándole vueltas y vueltas a muchos de sus versos. Pero todavía recuerdo el cosquilleo que me recorrió todo el cuerpo al leerlos uno a uno, desde el inicio hasta el último verso, sin lograr quitarme de la mente aquella advertencia preliminar: No zurcí de este y aquel, sino sajé en mí mismo. Van escritos, no en tinta de academia, sino en mi propia sangre. Lo que aquí doy a ver lo he visto antes… Parecían otros poemas, otras palabras, otras imágenes. Tal vez ustedes no lo experimenten así, solo léanlo y luego me dicen:

 

Mis versos

Estos son mis versos. Son como son. A nadie los pedí prestados. Mientras no pude encerrar íntegras mis visiones en una forma adecuada a ellas, dejé volar mis visiones: ¡oh, cuánto áureo amigo que ya nunca ha vuelto! Pero la poesía tiene su honradez, y yo he querido siempre ser honrado. Recortar versos, también sé, pero no quiero. Así como cada hombre trae su fisonomía, cada inspiración trae su lenguaje. Amo las sonoridades difíciles, el verso escultórico, vibrante como la porcelana, volador como un ave, ardiente y arrollador como una lengua de lava. El verso ha de ser como una espada reluciente, que deja a los espectadores la memoria de un guerrero que va camino al cielo, y al envainarla en el Sol, se rompe en alas.

Tajos son estos de mis propias entrañas –mis guerreros-. Ninguno me ha salido recalentado, artificioso, recompuesto, de la mente; sino como las lágrimas salen de los ojos y la sangre sale a borbotones de la herida.

No zurcí de este y aquel, sino sajé en mí mismo. Van escritos, no en tinta de academia, sino en mi propia sangre. Lo que aquí doy a ver lo he visto antes (yo lo he visto, yo), y he visto mucho más, que huyó sin darme tiempo a que copiara sus rasgos. De la extrañeza, singularidad, prisa, amontonamiento, arrebato de mis visiones, yo mismo tuve la culpa, que las he hecho surgir ante mí como las copio. De la copia yo soy el responsable. Hallé quebrados los vestidos, y otros no y usé de estos colores. Ya sé que no son usados. Amo las sonoridades difíciles y la sinceridad, aunque pueda parecer brutal.

Todo lo que han de decir, ya lo sé, y me lo tengo contestado. He querido ser leal, y si pequé, no me avergüenzo de haber pecado.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s