Cosas como “la consagración universal”, realmente me son profundamente indiferentes

Esto es algo que, probablemente, ya se haya transcrito, publicado y leído miles de veces desde que Cortázar diera esta entrevista en 1977 al programa “A fondo” de Radio y Televisión Española. Pero ayer, mientras veía las dos horas de conversación recordé a tantos amigos, me vinieron a la memoria tantos comentarios y argumentos compartidos y rebatidos que quise regalarles, si no el contenido “inédito”, al menos la constancia de mi esfuerzo jajaja.

Ah, si a alguien le interesa ver completa la entrevista, me avisa…

 

Aquí les va el fragmento donde Cortázar explica el cómo y el por qué de RAYUELA:

 

[…]

220px-Cortazar2 A 14 años de su publicación ¿qué significa para ti exactamente Rayuela?

C:

No creo que sea demasiado fácil sintetizar algo que de alguna manera es la experiencia de toda una vida y la tentativa de decirla, de llevarla a la escritura. Pero sí, puedo darte algunas ideas un poco generales. Yo no creo que sea una anti-novela, porque la noción es muy negativa: anti-novela, parecería una tentativa casi venenosa de destruir la novela como género, y no es eso, al contrario, es una tentativa de encontrar nuevas aperturas, nuevas posibilidades novelescas. Pienso que la novelas es uno de lo vehículos literarios más fecundos, y en nuestro tiempo tiene una vigencia muy grande, no imaginamos el número de lectores que tiene la novela. NO, no es eso, pero cuando alguien dijo también que era una contra-novela, eso está ya más cerca de la verdad porque fue una tentativa para tratar de eliminar, de ver de otra manera, el contacto entre una novela y su lector.

Finalmente, cuando tú me preguntas sobre la novela, deberías preguntarme sobre los lectores de la novela, porque ahí sí, aunque yo no pensaba individualmente en los lectores, toda la tentativa del libro -creo que se nota desde el comienzo-, es una tentativa destinada a que la actitud del lector que lee novelas, se modifique. La actitud del lector que lee novelas es en general pasiva, porque hay un señor que ha escrito un libro, y tú lo tomas y lo lees de la página uno a la trescientas, entras en el juego de la novela, y estás en una actitud pasiva, recibiendo el 100% de lo que esa novela te da. Tienes tus reacciones parciales, por ejemplo, puede no gustarte y abandonarla, o puedes encontrarle aspectos negativos o positivos, pero estás metido en el clima. A mí se me ocurrió, y sé muy bien que era una cosa difícil, realmente difícil, escribir… o intentar escribir un libro en el que el lector, en vez de leer así consecutivamente, tuviera en primer lugar diferentes opciones, lo cual lo situaba ya casi en un pie de igualdad con el autor, porque el autor ya había tomado también diferentes opciones al escribir el libro. Posibilidad de elecciones, de dejar a un lado una parte del libro o de otra, o leerla de otro modo, y crearse un mundo en el cual él desempeñaba un papel activo y no pasivo. Yo sé muy bien que en la práctica eso no corresponde con mis deseos digamos teóricos, porque finalmente los lectores de Rayuela la han aceptado en su conjunto como un libro y en ese sentido es una novela como cualquier otra. Pero también sé que muchos de esos lectores han sentido que se les reclamaba una participación mucho más activa, que es lo que yo llamo en el libro el lector cómplice, que es lector que en un momento dado está leyendo el libro y dice, bueno, esto a mí no me gusta, al diablo, tiro el libro por la ventana, cosa que a mí como autor me perecería perfecto, porque nada me sería más positivo que una especie de polémica en ausencia ¿no? ni él ni yo sabremos de eso. Una especie de polémica entre un autor y un lector. La posibilidad de desempeñar un papel incluso crítico, mucho más amplio que la mera crítica literaria de un crítico. Esas es un poco una de las finalidades.

Ahora, el segundo motivo de Rayuela me tocaba a mí directamente. Ese libro es una tentativa para ir hasta el fondo de un largo camino de negación de la realidad cotidiana y de admisión de otras posibles realidades, de otras posibles aperturas. Entonces tú ves que ese libro en ese sentido se desarrolla a lo largo de episodios incongruentes, absurdos, a veces incluso incoherentes, donde las situaciones más dramáticas son tratadas con sentido del humor y viceversa. Donde hay episodios inaceptables desde un criterio realista cotidiano…

Bueno, y para mi gran sorpresa, y mi gran maravilla, yo pensé cuando terminé Rayuela, que había escrito un libro de un hombre de mi edad para lectores de mi edad, y la gran mayoría fue que cuando se publicó en la Argentina y cuando se publicó en toda América Latina, encontró sus lectores en los jóvenes, en quienes yo no había pensado directamente jamás al escribir ese libro. Los verdaderos lectores de Rayuela han sido los jóvenes, las primeras reacciones, las primeras cartas, o cartas de adhesión, o cartas de insultos -las dos eran igualmente positivas dentro de la óptica dentro de lo que yo quería con este libro- venían de jóvenes, y ese fenómeno se ha seguido manteniendo a lo largo de los años, y por ejemplo –ya para darte una situación más concreta-hace dos años estuve en México y en Caracas y dialogué con los estudiantes de las universidades y cuando llegó el momento de las preguntas, los jóvenes centraron prácticamente todo en Rayuela, y luego con motivos más contemporáneos, en El libro de Manuel, pero eso ya era otro plano.

Entonces la gran maravilla para un escritor es haber hecho un libro pensando que hacía una cosa que correspondía a su edad, a su tiempo, a su clima y de golpe descubrir que en realidad planteó problemas que son los problemas de la generación siguiente. Me parece una recompensa maravillosa y sigue siendo para mí la justificación del libro

[… pregunta altisonante y grandilocuente del entrevistador. Ayer, a las 11 de la noche, no tenía ya ganas de transcribir tanto parloteo barroco, discúlpenme]

Mira, realmente el límite de mi satisfacción acabo de dártelo, al contestarte tu pregunta anterior. Cosas como “la consagración universal”, realmente me son profundamente indiferentes. No sé qué quiere decir “la consagración universal”. Lo único que cuenta para un escritor como yo es que un día, cuando abro las cartas que llegan continuamente, haya la carta de una niña de Guatemala o de un niño de la Argentina o de una maestra de España o de un francés de provincia o de la capital en que me dice dos o tres cosas que prueban que es…

Es que se supone que has ensanchado de una manera increíble tu audiencia…

Bueno, de acuerdo, eso te lo acepto, pero lo que me molesta es esa visión de “consagración universal” que huele tanto a estatua allá con su pedestal y artículo de visionario y de academia, ¿me entiendes? No hay ningún peligro de que yo entre a una academia ni nada de eso, está totalmente excluido, pero en fin…

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