La culpa es del Sistema

¡El Sistema! ¡La culpa es del Sistema!, ¡que no hay transporte! ¡y si no le gusta, coja un carro! Vociferaba en medio del P5 aquella señora que imponía su presencia a gritos dirigidos contra un señor mayor que se quejaba. Me bajé en la parada siguiente y no llegué a enterarme ni cómo, ni por qué, ni en qué terminó el escándalo. Pero mientras caminaba no pude dejar de preguntarme si a partir de ahora todas las culpas del atropello, la falta de consideración, el «quítate tú pa´ ponerme yo» a la hora de montar, o perder la noción del momento hasta el punto exacto en que gritar en medio de una guagua sin importarte quién está alrededor, o qué dolencia tiene aquel señor que de pronto se pone pálido por la pena, el bochorno y la indignación… todo eso, ¿será solo culpa del Sistema?.
Y ella, esa señora, ¿por qué gritaba?, ¿para hacerse oír?, ¿o para acallar alguna vocecita interna que le decía, allá adentro, que aquello que había hecho estaba, con Sistema o sin él, mal?

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