la cola de la serpiente

Dice que no se entiende, que por eso no logra explicarme. Que “algún día”, cuando consiga contarme, yo lograré comprenderlo. Yo le digo que lo entiendo… pero no tanto. Llego a lo sumo a sentir simpatía y solidaridad con esa desazón, con ese no saber qué vas a sentir dentro de media hora, esa inconstancia de la fuerza de voluntad que en este minuto te dice que la vas a dejar, y al cabo te hace negarte dos o tres veces antes de empujarla nuevamente contra la pared y hacerle el amor con la misma vehemencia, la misma necesidad de sentirte acogido que has experimentado tantas otras veces a lo largo de estos años. Yo le digo que lo entiendo y él lee en mi rostro, en mis silencios; sabe que no lo hago del todo, pero intenta creerlo. Sé que prefiere el beneficio de mis dudas e inconstancias, de esos plazos y ultimátums de los que yo misma dudo con toda la sangre fría que me brinda ese no conocerme, esa sensación de no saber cómo o qué voy a sentir dentro de media hora, esa volátil fuerza de voluntad que en un momento me hace estar rotundamente segura de que tengo y puedo y voy a dejarlo… para al cabo de los días dejarme empujar nuevamente contra la pared y pedirle que me haga el amor con la misma vehemencia, con esa necesidad de acogerlo, idéntica a la de las semanas anteriores, como si antes de él no hubiera nada que valga la pena recordar. Y así andamos, solidarios, visceralmente ligados… hasta “algún día”, cuando uno de los dos se niegue demasiadas veces o logre al cabo entenderse. Y llegue el fin.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s