tremenda pena con René

Hoy salí a la calle con tremenda pena. Tremenda pena tenía con René, porque desde aquel día de su alocución por la televisión para contarnos de su iniciativa de Cintas Amarillas por los Cinco, había percibido una cierta indiferencia entre la gente de mi ciudad. Casi no encontraba cinta amarillas en mi camino rutinario, apenas tres o cuatro de mis amigos más cercanos andaban con alguna encima. En el barrio de mi centro laboral, solo  los árboles de nuestra entrada se habían llenado de amarillo; el resto de la cuadra, ni siquiera se daba por enterada de la propuesta de René. ¡Qué pena con él!

Ese malestar se me había reforzado anoche, cuando llegué a la casa y descubrí que la cinta amarilla que había puesto en la ventana de mi casa, se había “desvanecido”. ¡de madre con la gente! Me fui a dormir “indignada” con la gente de mi barrio, y con una mínima esperanza de que, al menos, quien se llevó la cinta, la hubiera utilizado para adorar un carbol, una ventana, o al menos para  ponerla al cuello de alguna de las mascotas que andan por ahí. Creo que hasta soñé un rato con una cinta que rodeaba el Morro y que en la raspadura de la Plaza, desde allá desde el mirador, caía una gran banderola amarilla que matizaba los reflejos de la estatua de Martí, ¿sueño o pesadilla?

IMG_0136Por suerte la ciudad me golpeó duro desde las primeras cuadras que caminé hasta la parada más próxima de la guagua. No pude evitar recordar a Máximo Gómez y aquella sentencia suya de que nosotros los cubanos o no llegamos o nos pasamos, y yo añadiría que no sabemos qué es lo gradual, lo “poco a poco”. Lo dejamos todo para el último momento, pero entocnes “explotamos”.

Tremenda pena con René: tres, cuatro… no llegaban a seis las personas que me encontré en el camino y que no llevaran una cinta, una gorra, una blusa y hasta los zapatos con el color de la patrona de Cuba. Guanabacoa, y luego La Habana, había amanecido inundada de gente caminando entre sus calles con un detalle amarillo, como para que a nadie se le ocurriera pensar que era casualidad. No, era imposible ignorar la presencia exagerada de amarillo, en todas sus variantes, con las más inimaginables combinaciones.

Qué pena caballero, una vez más exageramos, se nos fue la mano… o mejor dicho, el amarillo.

Anuncios

blogosferacuba, ¿somos o no somos, o qué somos?

310102_255525307922228_1148364055_n¿Me entiendes? La pregunta se me escapó, sin darme cuenta. Conversaba con un amigo a menos de 24 horas de haber estado ese domingo en el Martin, construyendo el documento en el que alrededor de cuarenta personas querían explicar lo que querían de la comunidad virtual. Eso es como una clase de Química, me dijo, la entiendo pero no me apasiona, y por más que lo intenté, me fue difícil traducirle en palabras la sensación que me produjo haber participado en el momento de concreción de un proceso que venía gestándose desde hacía más de un año, entre montañas, cascadas y pantanos, y al que me había venido asomando cada vez con mayor interés. Seguir leyendo “blogosferacuba, ¿somos o no somos, o qué somos?”