Hoy liberé una mariposa

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Por Raúl Medina

 

Supón que casi todo el mundo sabe quién es tu padre pero tú no lo conoces, al menos como debiera conocer un hijo a su viejo. Supón que tu padre es unos pocos papeles y fotos, un recuerdo que por antiguo no hace recordar nada ya. Irónicamente, alguna gente te identifica más por su figura, que por ti. «Aquel es el hijo de Tuma», dicen, o «aquella muchacha es la niña de Olo Pantoja».

Por último supón que un día te traen al viejo en una caja poco más grande que una de zapatos y lo depositan en Santa Clara, en un mausoleo junto al Che porque lo mataron a su lado, en la selva.

Este es, a grosso modo, el conflicto detrás de los testimonios revelados en Hoy liberé una mariposa (2012, 27 min). Resulta una documental sencillo, que no superficial, y con él Rodolfo Romero y Pedro Moya (sus guionistas y directores) hallaron otra manera de mirar a las luchas revolucionarias del siglo XX latinoamericano, concretamente la odisea trunca del Che.

Sin embargo, para serles sincero, esta no es una película “guevariana” tradicional. Si quiere alimentarse del mito mejor consiga una copia de San Ernesto nace en La Higuera (Isabel Santos y Rafael Solís, 2006) o de Che, un hombre nuevo (Tristán Bauer, 2009).

El lente aquí se enfoca en otra dirección: hacia el dorso de la historia oficial, hacia los hijos que dejaron él y muchos de los integrantes del destacamento que le acompañó en Bolivia. Por eso lo que todos conocemos, los preparativos preliminares, el despliegue sobre el terreno de combate y el desenlace de la misión, ocupan más o menos un cuarto de la película, resuelto con fotos y secuencias puntuales (incluidos documentos de extraordinario valor, como la grabación inédita de Tania la Guerrillera y José Martínez Tamayo). Luego a la esencia: 45 años después de la partida de sus padres, aquellos niños hablan sobre sus imágenes, las pocas que guardan y las que les construyeron.

Estamos ante un tema de esos que llaman “sensibles”, de los que mueven fácilmente a la condescendencia, pero los realizadores no se dejan llevar en ningún momento por el melodrama ligero. No lo hacen con los socorridos excesos de primeros planos a rostros o manos. Tampoco la banda sonora (con música que Gustavo Santaolalla concibiera para Diarios de motocicleta) espera lágrimas, sino recrear atmósferas y sugerir, más que denotar. Si antes dije sencillo fue porque el documental avanza en un natural transcurrir, sin complicaciones dramatúrgicas ni efectismos o altisonancias visuales.

Hacia al final comenzamos a preguntarnos si valió la pena que aquellos jóvenes dejaran sus familias para caer lejos y olvidados, que durante treinta años fueran fango de una tierra pobrísima, si un acto de heroísmo significa algo más allá del acto mismo. Pero hay una secuencia que lo pone en claro: sus hijos (la mayoría, por lo menos), aceptan que aquellos guerrilleros tomaron una decisión que los hizo más libre por unos meses, y fueron felices. Los niños solo pedían tenerlos cerca, aunque estuvieran muertos.

sin título

fidel

Nunca con más justicia se puede decir que un hombre fue el creador de una revolución. Martí decía que los que marchan al frente tienen la obligación de ver más lejos. Fidel marchó al frente de la minúscula guerrilla, vio donde nadie se atrevía a espiar. Vio el triunfo en aquellos días de derrota y su fe maravillosa en las fuerzas del pueblo nos mantuvo e impulsó a todos.  

 

…y eso lo escribió Ernesto Che Guevara en plena Sierra Maestra, cuando el triunfo se oteaba pero era apenas una posibilidad, nada concreto todavía…

cambiar la historia, transformar el mundo

Cartel Coloquio Hobsbawm

Cambiar la manera en que concebimos, entendemos, construimos la historia –la comprensión del desarrollo de las sociedades en movimiento, nunca inamovibles, nunca estáticas- es una NECESIDAD para definir y enriquecer las claves que nos permitan pensar y promover cambios profundos en la realidad que nos rodea… o algo así me pasó por la cabeza cuando me llegó al correo la convocatoria al primer coloquio que se realizó en homenaje a la vida y la obra de Eric Hobsbawm después de su muerte en octubre del año pasado. Si desde el título se anunciaban propósitos tan a tono con las necesidades, ansiedades e inquietudes que me visitan con mucha frecuencia, no tenía otro remedio que asomarme a aquello, atisbar con los dos ojos abiertos. Seguir leyendo “cambiar la historia, transformar el mundo”