tremenda pena con René

Hoy salí a la calle con tremenda pena. Tremenda pena tenía con René, porque desde aquel día de su alocución por la televisión para contarnos de su iniciativa de Cintas Amarillas por los Cinco, había percibido una cierta indiferencia entre la gente de mi ciudad. Casi no encontraba cinta amarillas en mi camino rutinario, apenas tres o cuatro de mis amigos más cercanos andaban con alguna encima. En el barrio de mi centro laboral, solo  los árboles de nuestra entrada se habían llenado de amarillo; el resto de la cuadra, ni siquiera se daba por enterada de la propuesta de René. ¡Qué pena con él!

Ese malestar se me había reforzado anoche, cuando llegué a la casa y descubrí que la cinta amarilla que había puesto en la ventana de mi casa, se había “desvanecido”. ¡de madre con la gente! Me fui a dormir “indignada” con la gente de mi barrio, y con una mínima esperanza de que, al menos, quien se llevó la cinta, la hubiera utilizado para adorar un carbol, una ventana, o al menos para  ponerla al cuello de alguna de las mascotas que andan por ahí. Creo que hasta soñé un rato con una cinta que rodeaba el Morro y que en la raspadura de la Plaza, desde allá desde el mirador, caía una gran banderola amarilla que matizaba los reflejos de la estatua de Martí, ¿sueño o pesadilla?

IMG_0136Por suerte la ciudad me golpeó duro desde las primeras cuadras que caminé hasta la parada más próxima de la guagua. No pude evitar recordar a Máximo Gómez y aquella sentencia suya de que nosotros los cubanos o no llegamos o nos pasamos, y yo añadiría que no sabemos qué es lo gradual, lo “poco a poco”. Lo dejamos todo para el último momento, pero entocnes “explotamos”.

Tremenda pena con René: tres, cuatro… no llegaban a seis las personas que me encontré en el camino y que no llevaran una cinta, una gorra, una blusa y hasta los zapatos con el color de la patrona de Cuba. Guanabacoa, y luego La Habana, había amanecido inundada de gente caminando entre sus calles con un detalle amarillo, como para que a nadie se le ocurriera pensar que era casualidad. No, era imposible ignorar la presencia exagerada de amarillo, en todas sus variantes, con las más inimaginables combinaciones.

Qué pena caballero, una vez más exageramos, se nos fue la mano… o mejor dicho, el amarillo.

tie a yellow ribbon ‘round the old oak tree

Este doce de septiembre, por René, Fernando, Ramón, Gerardo y Tony, 

CAUSE WE STILL WANT YOU

 

 

 arbol-reducido

I’m comin’ home, I’ve done my time
Now I’ve got to know what is and isn’t mine
If you received my letter telling you I’d soon be free
Then you’ll know just what to do
If you still want me
If you still want me
Whoa, tie a yellow ribbon ‘round the old oak tree
It’s been three long years
Do ya still want me?
If I don’t see a ribbon round the old oak tree
I’ll stay on the bus
Forget about us
Put the blame on me
If I don’t see a yellow ribbon round the old oak tree
Bus driver, please look for me
‘cause I couldn’t bear to see what I might see
I’m really still in prison
And my love, she holds the key
A simple yellow ribbon’s what I need to set me free

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De premios, preguntas y amigos virtuales…

esta-para-el-premio

Primero lo primero, como dicen las reglas. Rosana, muchas gracias por nominarme, y por tus pronombres y por vivir algunas de las experiencias que hubiera querido vivir yo. No sabes cómo envidio tu cámara fotográfica y las vistas desde la casa de tus tías en Regla jajaja. Pero por encima de todo, muchísimas gracias por dejarme conocer un pedacito de tus yo.

Me demoré un poco porque no tengo mucha experiencia en esto de responder “entrevistas”, y mucho menos de pensar posibles preguntas para mis amigos. Pero aquí están, siguiendo las reglas de este Liebster Awards 2013, mis respuestas, mis nominados y mis preguntas, espero que no rompan la cadena. Me ha encantado hacer esto, de veras…

 

1. Tu palabra favorita:

horizonte

2. Un personaje que te parezca ha sido inspirado en tu vida:

Algunos meses al año soy el personaje de Marcia, la amiga de Charlie Brown en los muñequitos de Snoopy. Por momentos me parezco demasiado a ella, a su persistencia (“pisinguilla” la llaman mis amigos), a su deseo de que todos hagan lo que cree correcto, a esa facilidad para interpretarlo todo mal, a su in-capacidad de liderazgo… a sus fantásticas equivocaciones. No es que me agrade el hecho, pero reconozco que muchas veces me comporto igual.

3. Cinco verbos preferidos

Persistir

Añorar

Sentir

Razonar

Intuir

4. Cuéntame un secreto

Cuando duermo acompañada soy la última en dormir y la primera en despertar. Si hay algo que me gusta ver es el sueño del otro, extasiarme en su expresión relajada, adormecerme con el ritmo cadencioso de su respiración, tranquila, aparentemente despreocupada. Es mi afición secreta. No se lo he dicho a nadie porque no quiero “parecer” stocker, jejejej.

5. Si pudieras reencarnar en un escritor/a famoso/a, ¿a quién escogerías?

Sin dudar un segundo escogería a Ernest Hemingway, por todo él. Me gustaría reencarnar en ese atragantarse de vida que fue su vida. Vivió demasiado y escribió lo exacto, con una genialidad imperfecta, humana. En su prosa, directa y clara, no encuentras adjetivos ambiguos, descripciones sobrantes. Sus palabras son por lo general exactas, con las dosis necesarias de ironía y sarcasmo, de confusión, idealismo y sensibilidad. No hay desbordamientos inoportunos, nada de afeites ni adornos vacuos. En sus libros todo aparece a la medida.

Me encantaría vivir, como lo hizo él, con la irreverencia y el coraje de ignorar y burlarse de las reglas pacatas que dictan los otros. Tener el coraje de construirme mi camino teniendo como guía apenas mis propias normas y mis enormes equivocaciones; ser capaz de levantarme contra el fracaso; honrar aquella filosofía que dicta preferir la destrucción antes que aceptar la derrota.

Qué envidia siento de esa actitud ante la vida: tómala como viene y si no viene ve a buscarla, no importa donde se encuentre, si en las nieves del Kilimanjaro o en la corriente del Golfo. Hasta sus implacables y nunca apacibles historias de amor valen la pena; cada segundo de ellas, los de la pasión y la traición, los de la indiferencia y la soledad.

6. Lo que más te identifica de tu país

– Esta es difícil de responder porque YO soy mi país. Tendría que dividirme en pedacitos para mostrarte cada uno de los sentimientos, costumbres y decepciones que me hacen identificarme con Cuba. Tendría que hablarte, por ejemplo de mi declarada dependencia del mar y el olor a salitre; de mis gustos inveterados por el coquito prieto, el pescado frito y los casquitos de guayaba. Mi nostalgia enorme por los muñequitos rusos, por aquella historieta de Matías Pérez con su baobab tamarindero, o aquellos Papaloteros que me hacían clavarme todos los días frente a la televisión, bajo lluvia, sol y sereno.

Tendría que contarte también de mi amor a las historias de los hombres y las mujeres cubanas de cualquier tiempo. Historias individuales “trascendentales” como el universal José Martí –creo que si alguien nos identifica con mayor amplitud es este hombre-; pasando por la exuberancia de Mella, la mezcla explosiva de ternura y sangre fría de Frank País, la genialidad política de Fidel, el tremendo amor al prójimo del Che Guevara; hasta aquellas que pueden ser en apariencia insignificantes, las de la gente de abajo, como la del Chino de mi pueblo –que en realidad era japonés y estuvo en el campo de concentración que montaron en la Isla por allá por los años de la Segunda Guerra Mundial-, la de Amparo Caraballo, la vendedora de los mejores durofríos que me he comeré en la vida, y la de Roselia, mujer cultísima y coleccionista de búhos de fantasía. O esa atracción irresistible que siento hacia las historias cotidianas del cubano “de a pie”, que no pierde la alegría de vivir, que sigue empecinado en amar, trabajar y multiplicarse, contra todas las banderas, pese a todos los problemas.

Cuba son las historias que he vivido en sus lugares. Es mi fuerza de voluntad puesta a prueba subiendo el Turquino; es la sensación de pequeñez en medio de los mogotes de Viñales; es la vista en la lejanía del mirador de Caballete de Casas. Es también el Nicho que no conozco aún, las arenas de Bibijagua que sueño tocar con mis manos algún día, es el cauce del Toa que –creo- nunca podré navegar. Es mi llanto callado en el Memorial del Che, y la placidez balsámica que me recorre cada vez que me siento un rato en el muro del Malecón, abriendo los poros y los sentidos a tanto espacio que se ve delante.

Mi país es el contrapunteo perenne que nos obliga a transitar entre dos orillas, entre dos extremos; es el dolor por los amigos que se fueron, por las frustraciones, por los sueños incumplidos y por ese envejecimiento indigno de muchísimos inmuebles.

7. ¿Soledad o blog? ¿O las dos cosas?

Uno y otra se acompañan, conviven en una especie de co-dependencia. Muchas veces recurro a uno para atenuar la otra; pero al mismo tiempo, éste se nutre de mis vacíos y mis nostalgias. Mi blog surgió en un período de soledad – creo que eso se ve bien claro-, y no sé qué nueva forma tomará si algún día dejo de sentirme de esa manera.

8. Una causa que defenderías sin pensarlo dos veces

La liberación plena de los seres humanos, la justicia social y la creación de una sociedad con todos y para el bien de todos.

9. Una persona por la que darías tu vida (no se vale la familia)

– no sé, creo que depende de las circunstancias en que me encuentre. Me parece que estaría dispuesta a dar mi vida por cualquiera si la situación me plantea un “o él/ella o yo” –en el sentido de que puede ser un perfecto desconocido-, porque estoy segura de que seguir viviendo luego con esa carga de estar viva gracias o debido o como resultado de su muerte, sería un peso demasiado grande para llevarlo.

10. Esta es una pregunta comodín: declárale tu amor a algo o alguien

Confieso que muy, muy pocas veces he confesado mi amor por alguien, no sé si a causa de mi tendencia a no tomarme demasiado en serio, que me hace verme desde fuera y reírme de lo cursis que puedan llegar a oírse las frases, cualquier frase que incluya un “te amo”. La verdad es que las palabras se me atragantan y salen disfrazadas de un “te quiero”, un “me encantas”, o a lo sumo un “te extraño” que suena sobre todo a “necesidad”. Contradictoriamente, no me cuesta nada mostrarme vulnerable… aunque ahora que lo miro ¿qué tiene que ver la vulnerabilidad con el amor…?, a ver quién me entiende.

11. Si pudieras escoger un lugar para morir sería…

No se me había ocurrido, ahora que lo pienso tendría que ser en un lugar muy cercano a la orilla del mar. Ese olor a salitre es uno de los últimos olores que querría sentir antes de morir.

 

 

Blogs que nomino:

Letra Joven. Primero, porque con su espacio me reconcilié con las bitácoras personales; en segundo lugar, porque a través de su extensísimo blogroll pude empezar a explorar con asiduidad mis primeros blogs cubanos. Y para terminar, porque su manera de postear y sus vínculos digitales me hicieron querer ser parte de esta comunidad de locos bajitos –y otros no tanto- que se mueven en nuestras redes.

Las trenzas del sol. Porque pone un peso a las palabras, una hondura a sus reflexiones que cuando terminas de leerla tal parece que ha agotado los temas, las emociones. Su autora me deja a veces con la sensación de que no queda nada más por decir.

Espacio Libre. Porque Karina, hasta cuando habla de temas muy personales consigue hablar de mí, de mi amiga, de aquel desconocido, de los otros. Porque sus textos, con toda su particularidad, la mayor parte de las veces tienen para mí sabor a universalidad.

El Cine en la calle. Porque Carlos, con su mirada pesimista, turbia, muchas veces desencantada de la realidad, me provoca, paradójicamente, sentimientos de optimismo, de confianza y fe en el futuro, -ni yo misma sé el proceso. Porque a su pesar hace literatura, y de la mejor que he leído en estos últimos tiempos.

El Microwave. Y aquí tomo prestadas sus prestadas sus palabras para decirles que Rafa puede escribir tanto de lo superfluo como de lo más profundo, sin dividirse, sin dejar de ser él, sin hacer demasiadas concesiones.

Nube de Alivio. Este blog posiblemente no cumpla con las normas porque Tunie tiene muchos más de esos doscientos seguidores. Creo que su secreto radica en cómo encuentra la forma de sacar poesía, de mostrar la belleza hasta de los lugares donde nuestros ojos no son capaces de percibirla.

Cubaizquierda. Por sus análisis certeros, porque siempre consigue poner en palabras sencillas los temas más enrevesados, los asuntos espinosos; y porque es mi gran amigo, por eso también.

Fufú con empellas. A estas alturas ya debe estar acostumbrado a las elegías, me imagino que oírse o leerse como uno de los mejores cronistas jóvenes de estos tiempos debe llegar a aburrirlo. Espero que no se lo crea demasiado, porque me recuerda mucho a Pablo de la Torriente Brau y esa capacidad suya de no tomarse demasiado en serio, de burlarse de sí mismo y de las candilejas que la vida te pone en el camino.

Yo, me, mi… pero contigo. Porque me encantó el nombre desde la primera vez que lo leí, y porque Rosana y yo parecemos vivir en universos paralelos.

Un guajiro ilustrado. Porque siempre, esté o no de acuerdo, me pone a pensar. Me desafía a mirar los asuntos que creía zanjados, dados por hechos.

Recetas  naturales de la abuela cubana. Porque la inventiva de Tamara y su incansable preguntar contribuye a rescatar esa pedacito de sabiduría popular casera que se transmite de abuela-madre-hija y no se publica en ningún libro. Y además lo hace en dos idiomas, ¡qué trabajo caballero!

 

 

Aquí van mis once preguntas:

1. ¿Cuáles son los motivos –o las razones- más fuertes que te hacen levantarte cada vez que fracasas, cada vez que te tumban?

2. Si tuvieras la posibilidad de “robarle” una línea, una frase o una escena a algún famos@, ¿cuál sería?

3. Entre el compromiso, la necesidad y la coherencia, ¿cuál prima en tu día a día?

4. ¿Cuál es tu canción preferida, esa que es amuleto y antídoto para la depresión?

5. Dime la frase que mejor te describa, pero fíjate, solo una frase.

6. Si pudieras elegir un período de la historia de Cuba para vivir, cuál sería, ¿por qué?

7. ¿Qué es lo que más te ha gustado de lo que has escrito en tu blog?

8. ¿Cuál es el recuerdo que más valoras de todos los momentos que has vivido hasta ahora?

9. ¿Qué quisieras –si pudieras- regalarle a las personas que son importantes en tu vida?

10.  ¿Cuál es el libro que tus amigos no pueden dejar de leer por ningún motivo?

11. Dime, ¿cuál ha sido el peor error que has cometido?

La pelota y el corazón cubano

No acostumbro a  o “tomar prestados” de otros blogs, pero este es el trabajo que me hubiera gustado escribir sobre el llevado y traído tema del juego de pelota por el 50 aniversario de Industriales. Yo también desearía que ese juego tuviera lugar en el Latino y no en Miami, pero si se diera lo importante no es el lugar sino los jugadores, y lo que eso representaría para todos los cubanos, en cualquier lugar donde se encuentren. 

 

Tomado de Segunda Cita

 

Por Guillermo Rodríguez Rivera

Mi amigo Leonardo Padura ha publicado un buen artículo –como suelen ser los suyos– en el que comenta los avatares del proyecto de efectuar en Miami un juego de pelota entre los jugadores veteranos del equipo Industriales, que pondría a competir a los ex–Industrialistas que ahora viven en los Estados Unidos con los que residen en la Isla.

La que Padura llama “osada” idea de un empresario cubano radicado en Miami, tuvo la inmediata aceptación de los jugadores de las dos orillas, muchos de los cuales jugaron juntos y que, obviamente, están deseosos de reencontrarse.

El proyecto fue aceptado también por las autoridades cubanas, que concedieron su autorización –afirma Padura–  “sin ningún tipo de afirmación oficial”, “como si no estuviera ocurriendo”. El problema surgió con la aceptación de los cubanos del exilio. Creo que la inmensa mayoría de los cubanos de Miami, estaría ansiosa por ver a estos atletas retirados cuyas hazañas deportivas admiraron tiempo atrás.

Pero un grupo de exiliados, “minoritario aunque potente”, se opuso a que el juego o los juegos se celebraran. Aduciendo que dos de los peloteros que llegarían desde Cuba, habían agredido –hace 15 años– a un cubano residente en Miami que, en Canadá, se lanzó al terreno donde jugaban los cubanos “portando una pancarta de carácter político”.

Desde su correcto punto de vista, Padura razona sobre la que llama la “ceguera política” de esos exiliados al

                         no tener capacidad para ver lo que social y políticamente

                         significa para Cuba y su futuro que los jugadores

                         emigrados y los que han permanecido en el país confraternicen

                         en un terreno de béisbol,

pero, aunque definitivamente sí es ceguera histórica, me parece que esos exiliados asumen una diferente perspectiva política: la de los que no desean esa confraternización, porque ella va contra sus intereses.

Padura se explica así ese resentimiento:

                      Demasiados años de enquistamiento, de odios,

                      de necesidad de revancha, de cruces de insultos

                      y vejaciones (los de allá gusanos, apátridas,

                      traidores; los de acá, comunistas, represores, cómplices

                      del castrismo, etcétera), se han ido acumulando y

                      todavía enturbian el presente y el futuro de las diversas partes

                      en que se ha partido el corazón de esta isla del

                      Caribe.

Y aquí viene mi punto de discrepancia con el enfoque de Leonardo.

Me precio de conocer y haber estudiado el modo de ser de los cubanos. Y sé que la sicología de un pueblo es, además de los factores que entran en su constitución, el resultado de la historia que ha incidido en ellos.

Ninguna nación hispanoamericana peleó más contra España por su independencia que Cuba. Y pocas sufrieron represiones tan bárbaras e inhumanas como el fusilamiento por sorteo de ocho estudiantes de medicina en 1871, o el genocidio en el que devino la reconcentracion campesina ordenada por el general Valeriano Weyler en 1896. Sin embargo, el cubano no desarrolló sentimientos de odio contra el español: después de la creación de la república, Cuba admitió más inmigrantes españoles que en muchos años de la colonia. Esos españoles se asentaron en la isla, aquí hallaron trabajo, fundaron sus familias y muchos terminaron naturalizándose cubanos.

Aldo Baroni, un político italiano de los tiempos de la república prerrevolucionaria, dijo una vez que Cuba era un “país de poca memoria”. Puede ser, pero estoy seguro de que  es también un país de poco rencor.

No creo que el accionar de ese grupo de exiliados –“minoritario pero potente”– evidencie lo que Padura llama “una fractura del alma nacional”. El alma nacional está en esos peloteros –emigrados unos, residentes en su país los otros– que ansían reencontrarse y competir en el hecho singular, emocionante, fraternal, que es para un cubano un juego de pelota. Está en los miles de cubanos que asistirían al juego en Miami y en los otros miles que llenarían el Estadio Latinoamericano, si el juego se efectuara en La Habana.

En esos pocos (pero potentes) exiliados que amenazan a los promotores del  juego y también a los que se atrevan a ofrecer un terreno deportivo para que el partido tenga lugar, hay otra cosa por encima del “corazón partido” al que alude Padura, evocando aquella canción de Alejandro Sanz que era casi imposible evitar unos años atrás.

Creo que hay algo suplementario, algo que está más allá –o más acá– del alma, en ese inextinguible rencor hacia la Isla que muestran unos pocos grupos de exiliados en Miami, que puede materializarse en el inexplicable odio a un center field..

Hay que decir que esos grupos del fundamentalismo contrarrevolucionario, se van extinguiendo poco a poco, como se han extinguido los del extremismo revolucionario.

Es obvia su condición minoritaria. Las restricciones a los viajes a Cuba y a las remesas de los exiliados a sus familiares, que Bush impuso y a las que se opuso Barack Obama, determinó que, en las últimas elecciones, el condado Dade de Miami votará por primera vez demócrata y no republicano. Pero el presupuesto norteamericano tiene todavía una asignación de varios millones de dólares para sostener a los grupos que mantienen una política de total rechazo a la Cuba revolucionaria, y que pasa por sus actrices, sus intelectuales, sus orquestas, sus músicos, sus científicos, sus deportistas.

Esos grupos minoritarios, además del rencor que no han sabido deponer, mantienen un interés que los coloca entre unos cientos de exiliados que han hecho del subsidio que reciben, su negocio, su modo de vivir. Ese financiamiento es el que alimenta esa potencia que es violencia –física, económica, social– ejercida contra sus conciudadanos, a los que les han enseñado que hay libertades que cuesta muy caro ejercer en Miami. Por ello esa imposibilidad para los promotores de encontrar un estadio –cedido o rentado– que albergue a los viejos Industriales que quieren jugar sus nueve innings.

Es la hora de que el béisbol cubano dé un paso al frente: ofrezcamos nosotros el Estadio Latinoamericano, el Estadio del Cerro, para que se efectúe allí la primera versión de ese choque entre los Industriales que viven en los Estados Unidos y los que residen en Cuba. Que vengan a La Habana los cubanoamericanos que ahora tienen la posibilidad de hacerlo y que aficionados de Miami y de La Habana llenen también el Latinoamericano para ver competir a los viejos Industriales.

Estaban muy recientes las heridas de la guerra por la independencia, cuando a Cuba empezaron a llegar decenas de miles de inmigrantes españoles. Pero el gobierno cubano no tenía ninguna partida presupuestaria para apoyar a los que atizaran el odio contra España.

Las cosas, de todos modos, van cambiando. Hace unos días Cuba ha proclamado la posibilidad de convocar a los voleibolistas cubanos que juegan en equipos profesionales, para que integren nuestra selección nacional. Son atletas de nivel mundial, formados en la isla. Del mismo modo, ha declarado que autorizará a nuestros peloteros a firmar contratos con equipos profesionales, siempre que puedan jugar también en nuestra Serie Nacional.

Eso excluiría a los que se contraten en equipos norteamericanos porque las leyes del bloqueo –los norteamericanos le dan el más aséptico y jurídico nombre de “embargo”– le impiden a cualquiera trabajar en los Estados Unidos si reside en Cuba.

Hace muy poco, el zurdo villaclareño Misael Siverio abandonó la selección nacional cubana a la que pertenecía sin empezar a jugar la serie para la que viajó a los Estados Unidos. Declaró que deseaba “probarse en las Grandes Ligas”. No me parece condenable que un atleta quiera competir al más alto nivel de su deporte, ni tampoco –aunque Siverio no lo dijo– que aspire a cobrar los salarios que pagan las ligas mayores. Lo humillante es el precio que un cubano tiene que pagar por ello.

Se acabaron, para los cubanos, los tiempos en que Orestes Miñoso jugaba el left field del Chicago White Sox en verano, y en invierno patrullaba el mismo campo izquierdo con los Tigres de Marianao.

Cuando en 1959 triunfo la Revolución, Cuba tenía once peloteros jugando en las ligas mayores: más que ningún otro país latinoamericano. Me puse a hacer memoria y me di cuenta de que, en los últimos tiempos, han pasado a jugar sobre todo en los Estados Unidos, el Duque y Liván Hernández, José Ariel Contreras, Kendry Morales, Rey Ordóñez, Yaser Gómez, Yadel Martí, Miguel Alfredo González, Yasiel Puig, Haroldis Chapman, Yunieski Maya, Alexei Ramírez, Maels Rodríguez, Yoenis Céspedes, Dayán Viciedo. Son, casi todos, jóvenes de origen humilde, que se hicieron atletas en nuestras escuelas y en las becas cubanas se formaron como peloteros de primer nivel y como tales fueron contratados por las organizaciones del béisbol profesional de los Estados Unidos.

Cuba seguirá formando peloteros de primer nivel, sobre todo si organizamos mejor nuestra serie nacional y creamos un más alto standard de competencia. Hemos entrado en un nuevo momento en el que el béisbol profesional se ha fundido con el amateurismo y ha dominado sobre este aunque, en verdad, nuestros mejores peloteros no eran profesionales pero ya tampoco eran amateurs: cuando un pelotero cubano ingresaba al nivel de alto rendimiento, ya únicamente trabajaba en su deporte, aunque no ganara los salarios del béisbol profesional.

Formar a un pelotero no le da a Cuba el derecho a disponer para siempre de él, si el hombre quiere y tiene la posibilidad de desempeñarse en otro escenario que aumenta su jerarquía profesional y el nivel de vida del atleta y de los suyos. Cuba no puede preservar sus excelentes jugadores compitiendo contra el bienestar material que los Estados Unidos pueden ofrecerle al pelotero cubano, que convierte al jugador de beisbol en una pieza más de la guerra contra la isla antiimperialista.

A Cuba solo le queda la posibilidad de convocar a todos los peloteros cubanos que viven y juegan en el extranjero, a los que ella formó, aunque ahora estén jugando  en la Grandes Ligas norteamericanas. Le queda apelar al amor del atleta a su país y jamás cerrarle las puertas sino siempre convocarlo a competir por su patria y que sean otros quienes se lo prohíban. Dar allí también la pelea contra el bloqueo económico, comercial y financiero que nos impone el gobierno de Washigton.

Cuba debe convocar incluso a los peloteros cubanos que estuvieron en circuitos de alto nivel en Estados Unidos y ya no lo están, pero que tienen calidad para integrar nuestros equipos nacionales y desean hacerlo.

Hasta ahora únicamente estamos a la defensiva. Cuba debe pasar a la ofensiva combatiendo con nuestros valores morales: el amor por Cuba y el sentido de pertenencia del pelotero.

Se puede vivir en otro sitio y beneficiarse uno económicamente al trabajar allí, pero ello no quiere decir que se renuncie a ser cubano, a defender su bandera y a sentir el orgullo de competir por ella. Batallemos por ello con el entero corazón que tiene Cuba.

Sobre mi cabeza: halo solar

Me habría gustado hacer una crónica pequeña. Recrear el momento en que, cansada de caminar desde la Plaza de la Revolución, llegué de regreso al trabajo y me encontré caras de consternación y asombro maravilloso entre mis compañeras. Unas decían que era el anuncio del fin del mundo, otras, más movidas por la curiosidad, buscaban información en internet sobre el raro fenómeno que se materializaba sobre nuestras cabezas. A mí me dio por pensar en el blog y fui corriendo a buscar una cámara para capturar la primicia de eso que luego supe se llamaba un HALO SOLAR.

Aquí les va una de las imágenes que pude tomar en medio de la calle, y un poco de explicación, porque, al igual que muchos cubanos -imagino- soy una cuasi ignorante en lo que a cuestiones astronómicas se refiere:

“El meteorólogo Ernesto Chang Bermúdez, del Centro Meteorológico Provincial (CMP), explicó que lo observado fue un anillo de luz circular generado por un proceso físico de reflexión y refracción asociado a los pequeños cristales de hielo existentes en las nubes (cirros) de la alta atmósfera. […] Los halos resultan anillos que tienden al color blanco o exponen tonalidades pálidas, como consecuencia de encontrar una refracción tan clara que separa los colores y los hace visibles, y al contrario de los que ocurre en el Arco Iris, es el rojo y no el azul el que está en el interior del círculo”.

Tomado del holguinero periódico Ahora.