el post que no quise escribir

hablando del derecho a la esquizofrenia

 

Hola Vincenzo,

Antes de seguir te pido disculpas por las palabras que vienen a continuación. Ahora mismo no sé con exactitud por qué derroteros caminarán, pero si me exalto, “pierdo la tabla” o caigo en juicios absolutos que puedan llegar a herirte, recuerda cuando las leas, que no ha sido mi intención ofenderte, humillarte o emitir conscientemente valoraciones injustas o extremas sobre ti o sobre alguno de los post que, con tanta frecuencia has venido dedicando últimamente a esta comunidad de blogueros, que, al parecer por tus reflexiones, ha cometido la enorme equivocación de ser menos que perfecta en su capacidad de deliberación, en el ejercicio del respeto a la diferencia y a las posiciones opuestas, en la participación política tolerante. No pretendo recriminarte por tu condición de extranjería, e intentaré no ubicarme en una posición condescendiente desde la cual juzgar tu preocupación por mi país. Todo lo contrario, admiro tu interés, tu capacidad de involucrarte y de sentir como tuyos los problemas que nos afectan y angustian, y tu disposición de participar en las soluciones que se nos puedan ocurrir.

Si no he respondido a tus publicaciones anteriores – ¿o debería decir tus ataques, muchas veces absolutos y desmedidos, a la comunidad BlogosferaCuba?- ha sido, primero, porque mis espacios de socialización, participación política y discusión intelectual no se encuentran restringidos al entorno digital, como parece suceder contigo, al menos en lo que a Cuba se refiere. No tengo mucho tiempo de conexión, y cuando la consigo la aprovecho para mi trabajo. En segundo lugar, porque no me dedico exclusivamente a escribir en mi blog o a comentar lo que publican los blogueros. Por último, porque te confieso que tus posts anteriores relacionados con BlogosferaCuba me han sonado más a berrinche de niño pequeño que intenta llamar la atención de sus mayores, que a reflexiones de un joven interesado en el devenir de mi país.

Como comunidad, BlogosferaCuba no encaja en la etiqueta de lo “usual”, o lo “típico” de este tipo de ¿organizaciones? Nos mantenemos relativamente articulados, sobre todo, por nuestra tozudez. Por encima de nuestras diferencias de pensamiento, nuestra diversidad de opiniones; a pesar de las discusiones, los desencuentros, las incomprensiones, las posiciones de trinchera, y todo cuanto quieras añadir, se encuentra nuestra caprichosa determinación de querer transformar las cosas que vemos equivocadas en nuestra sociedad, y de hacerlo desde dentro de un proyecto político concreto –no una entelequia, o una utopía- que es este de la Revolución Cubana, con todos sus errores, con los pasos en retroceso, con toda la imperfección que cargamos. A veces algunos de nosotros nos equivocamos, nos “perdemos en la curvita”, adolecemos de la valentía para llamar las cosas por su nombre, o pecamos de posiciones extremas, o publicamos valoraciones superficiales, o nos llamamos al combate por cuestiones que resultan, a la larga, secundarias. Todo eso es verdad.

Como también es real que muchas veces este tipo de discusiones nos perjudican más de lo que nos benefician. Nosotros los cubanos –y aquí me disculpas si te excluyo, pero creo entender por tus escritos que no padeces de ese “mal”- tenemos que aprender a polemizar sin imponernos, a presentar y aceptar y rebatir las opiniones con argumentos y no con “palos” –como decía el Che Guevara-; tenemos también que aprender a promover y protagonizar procesos de participación sustancial y no meramente formal. ¿Crees acaso que eso se logra de la noche a la mañana? ¿Que basta con que nos lo propongamos frente al espejo para dejar de ser -por obra y gracia del Espíritu Santo-, esquemáticos, verticalistas, impositivos? No lo creo. Marx decía que la práctica es el criterio de la verdad. No sé cómo puedes interpretarlo tú, pero para mí, esa frase del alemán se traduce en que solo en el ejercicio de la discusión, de la crítica, del intercambio y la participación podremos aprender, podremos acercarnos a ese ideal de individuos tolerantes, comprensivos, dialógicos entre los que, al parecer, tú crees encontrarte.

No somos así, por ahora. Pero cualquiera que lea lo que escribes sobre nosotros –o a propósito de nosotros- puede pensar que estos miembros de BlogosferaCuba son un grupo de arrogantes esquizofrénicos criticones que no hacen más que distribuir a diestra y siniestra su crítica, por el mero gusto de hacerlo, en dependencia del estado de ánimo o del humor que tengan. Y no lo que en verdad estamos intentando ser, un grupo de hombres y mujeres que intentan transformar su realidad y en el proceso tratan de ser mejores seres humanos.

Tomas como ejemplo para tu diatriba a alguien que para ti puede no ser más que una foto, un perfil en facebook, o una lucecita del chat que se mantiene apagada. Pero para nosotros, perdón, no voy a hablar en plural, retomo la primera persona. Para mí, Darío es una persona, un ser humano cuya vida trasciende –te lo recuerdo porque pareces olvidarlo- el espacio digital.

Permíteme aclarar que no soy de las que lo defiende a ultranza. De hecho, he encontrado en la web muy pocos comentarios o publicaciones que asuman una posición tan inmadura en relación al caso. No estoy de acuerdo con el post que puso, y tampoco concuerdo con la manera en que decidió llamar la atención sobre un aspecto como el del consumo de productos pornográficos entre adolescentes cubanos. Pero no me cuestiono su integridad ni veo delirios de grandeza en su actitud, por muy equivocada que esté. Yo también quisiera conversar con él, discutir, intercambiar nuestras posiciones. Pero no se me ocurre ni por un momento pensar que su silencio en la red se deba a la arrogancia o al atrincheramiento. Lo primero que me pregunto es si puede o no conectarse, si tiene la posibilidad de revisar su blog. ¿cuáles son las preocupaciones principales que pueda tener en este momento? Dentro de ellas no debe estar, te lo digo casi con seguridad, el responderme a mí. ¿Y por eso tengo el derecho de, como has hecho tú,  definirlo como “gente arrogante que dispara críticas a ciegas, buscando felicitaciones y aclamaciones y evitando todo tipo de diálogo o contacto con quienes piensan diferentemente”? Creo que eres tú quien está asumiendo en este caso una actitud egocéntrica. ¿Qué te hace pensar que responderte, dialogar, defender frente a ti sus posiciones constituye una prioridad para él en estos momentos?, es más ¿qué sabes de Darío?, ¿cómo vive?, ¿dónde, en qué condiciones? Yo tampoco lo sé, y eso no me autoriza a atacarlo sin antes conocer, sin antes preocuparme por que no haya una reacción extrema, ni con él, ni con el resto de esta comunidad de “blogueros locos”.

Veo que en varias ocasiones te has quejado de nuestro sectarismo, de cómo algunos te han echado en cara tu condición de extranjero. Desde mi punto de vista, tú también has asumido una posición de trinchera, y te ha faltado una cosa importante: el ejercicio o la capacidad de ponerte en nuestro lugar, creo que eso en psicología se llama empatía, pero ¿qué puedo decirte yo, que soy solo otra esquizofrénica más que pretende imponerte una sola visión del mundo?

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impresiones inconexas de un concierto “pasado por agua”…

Rafa no lo sabía y a mí me dio pena confesarme; decirle que a pesar de lo mucho que me sonaba el nombre, como te suenan las cosas que se supone debes conocer al dedillo, hasta el cansancio, por alguna extraña manera no lograba ubicar a Marta Valdés. No conseguía recordar siquiera un verso, un estribillo o una tonada de sus canciones. Con esa espina llegué al patio del Centro Pablo, huyéndole a la lluvia, esperando que a los organizadores del concierto se les hubiera ocurrido pensar en un lugar alternativo donde estar a salvo del aguacero. Recuerdo incluso que lo comentamos, el Rafa y yo, minutos antes de llegar, mientras cubríamos la distancia entre la parada del P5 y la calle Muralla con Chely, Koka y Claudio y su cámara anti-cloro.

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runaway

1 Al principio, el viaje a Topes de Collantes fue, sinceramente, apenas una vía de escape. Algo así como el boleto de salida hacia montones de lugares, en disímiles direcciones; muy similar a ese haz de luz multicolor que producen los fuegos artificiales cuando explotan y salen disparados de la superficie hacia el cielo, tan lejos como sean capaces de llegar.

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los conversadores

Les cuento que pertenezco a una secta secreta y extendida por todo el mundo. Sí, acabo de enterarme hace unos días mientras leía esta joyita literaria de Ángeles Mastretta. Por si fuera poco, me di cuenta que muchos de mis amigos más cercanos y hasta algunos nuevos conocidos “militan” también a ella. Como por “mandato superior” vamos cumpliendo con aquel refrán popular que reza aquello de que “Dios los cría y el Diablo los junta”. Vamos chocando unos con otros en la vida y, sin pretenderlo o sospecharlo,  estrechamos los círculos de una conspiración global que sigue empeñada en permanecer y no discrimina razas, géneros, edad o cultura.

Esta es una de las historias que hubiera querido escribir algún día, pero como ya se me adelantaron, aquí la traigo, para compartir con los amigos, conocidos, familiares y mascotas que se sientan como yo: reflejados, retratados, diseccionados, en Los conversadores.

 Imagen

 Los conversadores

 Ángeles Mastretta

Yo vengo de un tiempo humano, cada vez más remoto, en el que conversar era el don, el privilegio y la costumbre más encomiable. No sé si ese tiempo tuvo lugar o si a lo largo de los siglos estamos distribuidos, aquí y allá, los habitantes de su espacio. Creo más probable esta segunda opción, la creo porque he aprendido a reconocer de lejos a los miembros de esta especie de secta cada vez más exigua que podríamos llamar los conversadores. No hay necesidad de trámite, ni de credenciales ni de registros para ser un buen conversador. Seguir leyendo “los conversadores”

un regalo para Josefina

josefina

-Hoy es el cumpleaños de Josefina-, pensé mientras recorría algunos de los puestos de artesanos en la feria. Claro, yo no recordé la fecha precisamente en ese instante, ni tampoco le llamo Josefina, este es solo un recurso para hacerles ver que estaba pensando en ella cuando vi aquel stand tan solitario, con aquel vendedor, tan solitario que de repente me recordó un cuento de Cortázar, rodeado de pajaritos negros, rojos, azules, amarillos… si es que podemos llamarle así a aquellas preciosas imitaciones de zunzún hechas en madera que colgaban de los postes como si estuvieran a punto de echar a volar. Seguir leyendo “un regalo para Josefina”

Muchacho loco

Muchacho loco: cuando me miras

con disimulo de arriba a abajo

siento que arrancas tiras y tiras de mi refajo…
Muchacho cuerdo: cuando me tocas
como al descuido la mano, a veces,
siento que creces
y que en la carne te sobran bocas.
Y yo: tan seria, tan formalita,
tan buena joven, tan señorita,
para ocultarte también mi sed
te hablo de libros que no leemos,
de cosas tristes, del mar con remos,
te digo: usted.

Carilda Oliver

El coleccionista de mujeres


Tengo un amigo que colecciona mujeres, mejor dicho, colecciona fotografías de muchachas hermosas. Simplemente no puede evitarlo, se siente tan atraído por ellas que en ocasiones basta un rostro simétrico, una mirada atrevida, un gesto indescifrable, o el misterio que probablemente se esconda detrás de aquel flequillo, para que la imagen pase a formar parte de una colección envidiable que no hace distingos entre el color de la piel, los ojos o el cabello. El único requerimiento –me comentó un día- es que reflejen la más pura autenticidad. Seguir leyendo “El coleccionista de mujeres”