los conversadores

Les cuento que pertenezco a una secta secreta y extendida por todo el mundo. Sí, acabo de enterarme hace unos días mientras leía esta joyita literaria de Ángeles Mastretta. Por si fuera poco, me di cuenta que muchos de mis amigos más cercanos y hasta algunos nuevos conocidos “militan” también a ella. Como por “mandato superior” vamos cumpliendo con aquel refrán popular que reza aquello de que “Dios los cría y el Diablo los junta”. Vamos chocando unos con otros en la vida y, sin pretenderlo o sospecharlo,  estrechamos los círculos de una conspiración global que sigue empeñada en permanecer y no discrimina razas, géneros, edad o cultura.

Esta es una de las historias que hubiera querido escribir algún día, pero como ya se me adelantaron, aquí la traigo, para compartir con los amigos, conocidos, familiares y mascotas que se sientan como yo: reflejados, retratados, diseccionados, en Los conversadores.

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 Los conversadores

 Ángeles Mastretta

Yo vengo de un tiempo humano, cada vez más remoto, en el que conversar era el don, el privilegio y la costumbre más encomiable. No sé si ese tiempo tuvo lugar o si a lo largo de los siglos estamos distribuidos, aquí y allá, los habitantes de su espacio. Creo más probable esta segunda opción, la creo porque he aprendido a reconocer de lejos a los miembros de esta especie de secta cada vez más exigua que podríamos llamar los conversadores. No hay necesidad de trámite, ni de credenciales ni de registros para ser un buen conversador. Seguir leyendo “los conversadores”