El “casi” que no cambia

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Me gusta pensar  que los blogs tienen vida propia, y que esa vida muchas veces logra alcanzar cierta autonomía, cierto desfase del autor/dueño(a). Pero estoy convencida de que es solo “en cierta medida”, solo para determinados aspectos.  No sé todavía qué escribiré ahora, qué temas o imágenes o preocupaciones comenzarán a rondarme hasta el cansancio o la impaciencia. Pero lo que sí sé -porque lo dice todo el mundo, porque lo saben todos desde mucho antes de aquel filósofo loco que comprendió que uno nunca se baña dos veces en el mismo río-, es que será diferente, tiene que ser diferente, como casi todo en estos tiempos de mi vida.

Y por supuesto, entre ese “casi” que no cambia se mantiene esa afición mía a divagar de vez en cuando; esa necesidad de definir, pronunciar, adelantar eventos que pueden ir mostrándose por sí solos. Pero como dije, eso es parte del “casi” que no cambia.

las palabras

A veces las palabras tienen un aire definitivo. Una no lo siente en el momento. Las ha dicho tantas veces ya, que la primera impresión es de una cierta normalidad que luego va cambiando con el paso de los minutos, a medida que vas comprendiendo que suenan, se sienten, lucen diferentes, como con más peso, más cansadas, aburridas de seguir saliendo siempre en las mismas condiciones, con idéntica resignación al cambio que vendrá a los pocos segundos. Y ahí es donde empiezas a sentir ese aire de definitivo, de rebelión, de: hasta aquí, esta vez sí nos mantendremos en lo que somos.

Para Juan sin nada, con admiración y respeto

decanoHola profe:

Hago estas líneas y casi siento compasión de mi atrevimiento. No fui alumna suya pero siempre admiré su talento como periodista y como profesor venerado por casi todos los amigos que pasaron por sus clases de Periodismo de Investigación. Se lo comento para que entienda que, en alguna medida, le escribo sobreponiéndome a la impresión de parecer demasiado pretensiosa; como quien se atreve a rebatir un criterio de veracidad establecido, casi nunca contradicho. Pero me animo a hacerlo porque no puedo quedarme callada ante la imagen del Decano que muestra en este post. Seguir leyendo “Para Juan sin nada, con admiración y respeto”

¿desnuda?

pudor2Es fácil desnudarse ante un hombre. Uno solo, y no con cualquiera, porque les confieso que una de las peores pesadillas que he tenido en la vida es aquella en que, sin saber cómo, de pronto me encuentro caminando en la calle, sin una sola pieza de ropa encima, constituyendo el foco de la atención de todos los transeúntes. Pero ante un hombre que me gusta, por quien siento atracción física, es muy fácil desnudarme, y  andar luego por la casa, mientras le oigo conversar desde la cama.

Lo difícil es lo otro: desnudar el alma. Hacer públicos mis sueños; presentar ante  otra mirada mis ansiedades y mis miedos. Mostrar la cara detrás del personaje. Eso es lo complicado. Porque no es solo que te expones entera -o casi-, vulnerable, con todas las sombras a cuestas. No, es difícil y además doloroso. Desnudar el alma no es bueno, casi siempre lo mejor es mantenerla vestida, bien arropada.

mientras sonrío…

Lo vi venir y sonreí por lo bajo, con esa expresión mitad irónica, mitad excluyente, que lo saca del paso –todavía no logro entender cómo-; pero era en todo caso un guiño a “mímisma”. Un ¿no te lo dije?, o un ¿qué esperabas de una ópera, un final feliz? En fin, lo vi venir y no pude hacer nada, aunque tampoco estoy segura de haber querido… mentira, si hubiera existido otro camino, alguna posibilidad, la habría tomado. Pero lo vi venir junto a la certeza de mi impotencia, y solo se me ocurrió sonreír con sorna mientras pensaba que lo extraordinario hubiera sido esperar lo contrario.

Aclaración oficial 1

 

A la atención de amigos, conocidos y extraños que aparezcan en el camino:

Es cierto que muchas veces las mujeres decimos una cosa y en realidad estamos queriendo decir otras; también hay que reconocer que en ocasiones cambiamos con tanta frecuencia de parecer que nos acercamos demasiado a la inconstancia.

Pero en algunos momentos, cuando en medio de una conversación sale el tema a colación y una mujer les comenta que se siente sola, o incluso lidiando con una historia más o menos desafortunada, quiere decir eso, precisamente, ni más ni menos que lo que acaba de pronunciar.

No busquen sentidos escondidos ni señales entre líneas. Lo que está diciendo no es una invitación al “disparo”, y mucho menos una declaración de disponibilidad.

Firmado y dado a conocer por esta mujer específica que lo escribe, en La Habana, el 5 de junio de 2013.